…hay una plenitud masculina a la vuelta de la esquina, hay un ser humano pleno de verdad integrada; mitad dar, mitad recibir. Hay hombres de todos los colores, de todas las edades, de todos los orígenes, de todos los destinos…vagando por una tierra anhelante de sus hijas e hijos, de sus huellas inequívocas en la arena, de sus pasos firmes de identidad acabada. Hombres sentidos, sin lugar al cuestionamiento de otras personas en la búsqueda de la propia libertad, hombres en transición, hombres como nosotros…demoliendo viejos mitos. Hombres deconstrucción.

lunes, 26 de enero de 2009

la película de las mujeres

Cuento 5 - (otro del sup marcos) Estaba yo comiendo una sopa de verduras con hartas calabazas (¡guácala!), y lo estaba haciendo con mucho gusto, gran alegría y desbordado entusiasmo, cuando, desde fuera de la champa de la Comandancia General del Ezetaelene, escuché la voz de la insurgenta Erika pidiendo autorización para pasar (¿escuchaste Toñita?). Ya en el umbral de la champa, la insurgenta Erika dice: “Que dicen los compañeros de si pueden ver película”. “¿Y cuál van a ver?”, le pregunto. La insurgenta Erika duda, no contesta rápido. “Bueno pues, claro te digo compañero Subcomandante Insurgente Marcos que no sé cómo te voy a decir”, por fin responde mientras se enrojece su rostro moreno. “Mmh… bueno, pero quiere que van a hacer palomitas”, le dije para salvarla de un apuro cuyo motivo ignoraba, y para contrarrestar cualquier efecto nocivo que la calabaza pudiera provocar en mi delicado organismo (¡já!). Porque han de saber ustedes que los subcomandantes somos alérgicos a las verduras, sobre todo a las calabazas. Creo que es algo genético. “Bueno pues”, dijo la insurgenta Erika y se fue corriendo. Postrado panza arriba, en posición tipo la boa de El Principito de Saint Exupery, estaba yo muy arrepentido de comer tanta verdura, y quedé pensando y reflexionando si no sería bueno prohibir la sopa de calabazas en el territorio zapatista. Regresó la insurgenta Erika con la medicina, quiero decir, con las palomitas de maíz, y se volvió a ir corriendo. Yo esperé a que se perdiera de vista para poder comer con la elegancia y buenas maneras que me caracterizan, o sea que le entré a las palomitas a puños. Al rato, otra vez en posición de la boa de El Principito, estaba yo de nuevo muy arrepentido, tratando de digerir la sobredosis de palomitas. Entonces, como un relámpago, llegó un mi pensamiento: “¡Un momento! ¿Por qué la Erika no me pudo decir qué película iban a ver? Ha de ser de muchachas encueradas y por eso le dio pena decirme”. No sin trabajos, me incorporé y dirigí mis pasos hacia el cuartel, que queda algo retirado de donde está mi champa. Un resplandor azulado brotaba de la champa que hace de comedor, armería y punto de reunión de la célula de estudio político y actividades culturales. No se oían voces de insurgentes, sólo el ronroneo del pequeño generador y el sonido opacado de unos gemidos. “¡Ajá!”, me pensé, “¡de modo que están viendo película de muchachas encueradas y no me invitaron! Ahorita los arresto a todos y me quedo yo solo viendo la película”. Me acerqué sigilosamente para sorprenderlos como quien dice que en su delito, y entré sin que se dieran cuenta. ¡Oh desilusión! La película que estaban viendo era una de Jean Claude Van Dame y los gemidos que se escuchaban eran los de un pobre tipo, con rasgos de ciudadano adherente a la Otra Campaña, que estaba siendo golpeado con muchas patadas karatekas por el protagonista de la cinta. “Mta magre”, dije en voz alta, “¿a poco ésa era la película que iban a ver?” Al escucharme, los insurgentes e insurgentas se pusieron rápidamente en posición de firmes, detuvieron la proyección y encendieron la luz. Dirigiéndome a la insurgenta Erika le pregunté: “¿Y por qué no me podías decir que iban a ver una película de karatekas?” “Acaso era esta película, Sup”, respondió la insurgenta Erika y volteó a mirar a las demás compañeras, como pidiendo ayuda. La insurgenta de sanidad entró al quite y declaró: “No compañero subcomandante, es que la película que íbamos a ver es una que trata sobre de la salud sexual, de las enfermedades y de la higiene y esas cosas”. “Sí, de la SIDA”, dijo la Erika sintiéndose ya respaldada por las demás mujeres, pero todavía enrojeciendo de pena. No es la primera vez que no entiendo nada de lo que hace mi tropa, así que encendí la pipa y esperé a que siguiera la explicación, que fue la siguiente: Resulta que las insurgentas querían ver la película “de la SIDA”, usando las palabras de la Erika, y los hombres querían ver “León, peleador callejero” que, dicho sea de paso, ya han visto como 365 veces. No se ponían de acuerdo y discutieron y, como no debiera ser, ganaron las mujeres y vieron la película “de la SIDA”. Los hombres también, porque las mujeres les prometieron que, si veían la película “de la SIDA”, después verían la de Van Dame. Y cumplieron su palabra. Tan-tan.

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décimas de varón

A mis compañeros de búsqueda

Estos versos que hoy cantamos
no nacen de la arrogancia
sino de la circunstancia
en la que nos encontramos.
Adonde quiera que vamos
enfrentamos situaciones
donde pesan tradiciones
y arraigados pareceres
donde sufren las mujeres
y se pierden los varones.

Nosotros somos varones
por la forma como actuamos
más que por lo que llevamos
debajo los pantalones
Nos gusta tener cojones
para actuar con dignidad
y defender la equidad
entre el hombre y la mujer
que es la forma de obtener
para todos libertad.

No queremos que nos manden
y no queremos mandar,
mujer para esclavizar
o sustituir la madre
Decimos a donde cuadre
que a la mujer que amamos
no mantenemos ni atamos
y vamos sin yugo al cuello
por lo feo y por lo bello
en tanto juntos queramos

Si llegamos a ser padres
de eso nos hacemos cargo.
Aunque puedan ser amargos
o felices sus momentos
siempre estaremos atentos
al reclamo de la prole.

Comprendiendo sus bemoles
y escuchando sus lamentos
o compartiendo contentos
sus experiencias mejores.

Pocas veces esta vida
nos da la oportunidad
de llegar a demostrar
toda nuestra valentía.
Sin embargo cada día
sin tener que hacer alarde
esta vida mi compadre
a los varones nos da
la oportunidad de mostrar
por qué no somos cobardes

Si tenemos que enfrentar
una verdad que nos duele
o un llanto que nos desvele
ante una adversidad.
Admitir la realidad
tanto como nuestros sueños
poniendo el mejor empeño
no es muestra de valentía
mas sí que la cobardía
no es ley de nuestro evangelio

Por eso no competimos
por demostrar nuestra hombría,
porque el afecto es la guía
de la vida que vivimos.
Para ser hombre elegimos
olvidar la competencia,
forjar en nuestra conciencia
solidarios pensamientos
y abrir nuestros sentimientos
al fluir de la existencia.

Tití
29/02/08

décimas machas

(Dedicada a mis amigos varones)

Nosotros somos los machos
que aguantamos la parada.
Nunca nos asusta nada
y somos muy vivarachos.
Salimos con los muchachos
para levantar mujeres,
a disfrutar sus placeres
aunque sean un poco guasas;
mientras las nuestras en casa
se ocupan de los quehaceres

Somos los que laburamos,
los que paramos la olla,
mientras la mina se enrolla
y pregunta: “si la amamos…”
Estamos hasta las manos
con nuestras preocupaciones.
No hay tiempo para emociones
y soltamo’el lagrimón,
solamente al salir campeón
el cuadro de los amores

Nos juntamos los muchachos
por la noche a conversar
en la mesa de algún bar
hasta caernos borrachos.
No nos hacemos los guachos.
Mostramos sabiduría
hablando de economía
de política, y deporte
y si es de nuestra consorte,
cuántos le echamos por día.

Amamos nuestras esposas
casi como a nuestra madre;
y aunque alguna vez nos ladren
o se nos pongan latosas
les llevamos unas rosas
o pa’ vestirse, algún trapo.
Mas no tragamos el sapo
si se hacen las avivadas:
cuando se ponen malvadas
las cagamos a sopapos.

Así vivimos nosotros
y aguantamos toda carga.
Porque la tenemos larga
nos sentimos como potros
No nos importan los otros
ni las minas feministas
No se hagan los artistas
Insultando a los muchachos
Como ven, somos muy machos
Pero no somos machistas.

Tití
31/12/07